domingo, 20 de marzo de 2011

¿Cuál es el precio de una vida?

A esta pregunta parece conducirnos dos discursos que han salido a la luz la semana pasada.


Así, en la televisión americana, el periodista Larry Kudlow afirmaba, tras el desastre de Japón: "Las pérdidas humanas son mayores que las económicas. Podemos estar agradecidos"
Pues sí, parece ser que para este personaje, que haya más muertes de personas que pérdidas económicas es motivo de agradecimiento, para alegrarse vaya.


Por otro lado, tenemos al polémico Salvador Sostres, periodista patrio del diario El Mundo, quien en la entrada de su blog "Entre la tragedia y el drama" nos hace una separación entre lo que es un drama menor y lo que es una tragedia. Para este señor, la catástrofe del año pasado en Haití es un drama y lo sucedido en Japón recientemente es una tragedia.


¿Dónde radica la diferencia entre tan similares sucesos? Pues en algo que parece ser muy importante en estos tiempos: en lo económico. Sí amigos lectores, para Sostres, las vidas de los haitianos tienen menos valor que la de los japoneses por el mero hecho de que estos últimos aportan más a la economía global, al progreso, a la tecnología, incluso a la gastronomía. 


Lo que yo me pregunto es que si tan horrible pensamiento es compartido por la gente de a pie, por las personas que normalmente nos rodean. ¿Tan importante es el progreso cuando cientos de personas, sean de la nacionalidad que sean, están luchando por sobrevivir? ¿De verdad una vida, por ser de un país más desarrollado, merece más respeto y más atención que la de un país no-globalizado? ¿No dice la Declaración Universal de Derechos Humanos que todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos?

De esta forma, me gustaría lanzarle una pregunta al señor Sostres: ¿Cuál es para usted el precio exacto de una vida?

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